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Roquetas.- ‘Tempestad’ de aplausos inunda el festival Mare Musicum en sus últimos conciertos

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La clavecinista Silvia Márquez y ‘La Tempestad’ ponen un broche de oro al festival de música antigua de Roquetas de Mar.

La X edición del Festival de Música Antigua «Mare Musicum» de Roquetas de Mar se ha despedido este año de sus incondicionales seguidores, con dos conciertos que reflejaron lo que los tratadistas del siglo XVIII llamarían ‘el buen gusto de la música’. Con Silvia Márquez al clavicémbalo, seguida en el programa por la orquesta ‘La Tempestad’, las veladas del pasado viernes y domingo crearon entre los dos conciertos un gran recital basado en el esplendor del periodo barroco con la clavecinista de Zaragoza como nexo de unión entre ellos.

Ya sea en solitario o a la dirección de ‘La Tempestad’, Silvia Márquez demostró por qué es una de las mejores intérpretes de tecla histórica. Su depurada técnica, así como los inteligentes arreglos realizados por la artista sobre las obras que interpretó ‘La Tempestad’, o ella misma en su concierto como solista, subieron al público en una montaña rusa agitada por la velocidad de escalas trepidantes repletas de color, y momentos de serenidad, con el uso de las dinámicas y las cadencias, algo parecido a la tranquilad que ofrece el vagón mientras sube los raíles antes de volver a la explosión de la caída en picado.

Como solista, Silvia Márquez sentó cátedra el pasado viernes ofreciendo al público del Castillo de Santa Ana un concierto que bien podría haber sido una clase magistral sobre el dominio del clavicémbalo, así como del repertorio barroco en sí mismo. El recital que llevó por título ‘Chaconnerie: O de los Bassi ostinati hasta los tiempos modernos’, se adentró en una espiral infinita de repetición usando como marco de acción la Chacona y las Folías de España, dos danzas muy populares hace 300 años y que cada compositor que se precisase de serlo escribía su propia versión sobre estas melodías. La repetición llevada a la exageración y, por ende, a lo diferente y a lo evolutivo, por técnica, por gusto o por las modas imperantes en cada país donde sonasen y así lo mostró Silvia Márquez, desde el siglo XVI con la Differencia sobre las Vacas de Antonio de Cabezón, hasta el siglo XXI con el Montuno en forma de chacona de Roberto Sierra.

Partiendo de un esquema sencillo hacia complejas obras cargadas de fuegos artificiales y simbolismo así se iban sucediendo una tras otra de las manos de Márquez, Haendel, A. Scarlatti, J.S. Bach, Carl Phillip Emmanuel Bach, todas composiciones diferentes y todas iguales en su raíz, en donde se pudieron disfrutar de momentos exquisitos como los silencios cadenciales de las folías de Scarlatti, en donde cabe una vida entera en el tiempo de una respiración. O la caída hacia el abismo del sufrimiento de J.S. Bach por la muerte de su primera esposa, reflejado en su Chacona, con pasajes de escalas luminosos que parecen subir hacia el Paraíso, sin dejar atrás el peso del duelo y el recuerdo.

Un rigor que confrontó directamente la chacona de su hijo Carl Phillip Emmanuel repleto de fantasía e incesantes escalas que recorrieron todo el teclado sin dejar a la audiencia un segundo de sosiego. Silvia Márquez, supo confeccionar con tino un programa caracterizado por el contraste de la tensión y la relajación, que encendieron los ánimos del público hasta su inminente explosión con el montuno achaconado de Roberto Sierra, cuyo reiterado y espectacular uso de los registros más bajos del clave, más a modo de una sección de percusión o equiparable a los ‘power chords’ del heavy metal, sacaron de la silla al público del «Mare Musicum» en un baño de aplausos.

La noche del domingo Silvia Márquez volvía al escenario del Castillo de Santa Ana junto con su agrupación ‘La Tempestad’. Si el recital del viernes fue un decálogo de la música barroca para tecla, el último concierto del «Mare Musicum» lo fue para orquesta. Con un plantel compuesto por Guillermo Peñalver (traverso), Lorea Aranzasti (violín barroco), Antonio Clares (viola barroca), Guillermo Turina (violoncello barroco), Jorge Muñoz (contrabajo barroco) y el clave y la dirección de Silvia Márquez, ‘La Tempestad’ desencadenó una lluvia de precisión y finura que caracteriza su sonido bajo el cielo de Roquetas de Mar con el recital ‘Londres: El gusto italiano. D. Scarlatti y F. Geminiani’.

En un momento en donde el estilo musical italiano ganaba enteros en Europa, dos figuras emergían en aquel siglo XVIII para derrotar la tradición inglesa en el seno de las islas británicas: Domenico Scarlatti y Francesco Geminiani. El ‘buen gusto’ venido del mediterráneo estaba en boga, y así ha sido recogido por ‘La Tempestad’.

El énfasis rítmico de las sonatas de Scarlatti llevado más allá del clave ha sido una delicatessen que ‘La Tempestad’ compartió con el público del «Mare Musicum», al llevar toda esa riqueza métrica a otros instrumentos. Y es que la actuación que ha clausurado el festival de música antigua de Roquetas de Mar no ha dejado cabo suelto, desplegando todo un abanico de posibilidades sonoras y visuales, con obras arregladas para orquesta, y otras tantas para dos clases de trío: violín, cello y clave, y traverso, cello y clave, respectivamente.

Con momentos de alta calidad, la orquesta de Silvia Márquez ejecutaba veloces escales con contundencia y precisión. Las vertiginosas líneas melódicas se sucedieron guiadas por un coordinado bajo continuo que fomentada el contraste en el devenir de cada obra. La violencia de la tormenta y la calma que deja a su paso, así se puede definir el concierto de ‘La Tempestad’, donde se pudo disfrutar de sutiles pizzicatos realizados en el contrabajo, parecidos a pasos realizados a hurtadillas, cuyo tenue impacto llenan de sonido una pared montañosa. Giros de traverso que podrían asimilarse al vuelo de una hoja mecida por el viento y ataques de cuerdas a agitados torrentes de agua. Un universo natural pintado por ‘La Tempestad’ a través del buen gusto.

Estando el público totalmente entregado, Silvia Márquez anunciaba el bis que pondría punto y final al recital y a la X edición de Mare Musicum. Un fandango encontrado en 1985, y atribuido a Domenico Scarlatti, le daba una festiva despedida a un público ávido por aplaudir, y una afectuosa bienvenida a las venideras ediciones del «Mare Musicum» que están por llegar.

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AlmeriaCapital

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